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 22/09/2012 | ROSARIO CENTRAL 3 - ATLÉTICO DE TUCUMÁN 1

La casa estuvo en orden

Autor: Mariano Eloy
Tags:  Canalla.com | Columnistas | Mariano Eloy , Primera División | Actualidad | Comentario
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Más por falencias propias que por méritos ajenos, el partido de ayer no representaba para Central una tarea sencilla. El rival llegaba a Arroyito ilusionado por la racha goleadora de Luis Miguel Rodríguez, "La Pulguita", aquel ligero delantero que supo cagarse de frío en los terrenos municipales del Parque de la Independencia en la temporada 2010/11. Pero lo cierto es que a la hinchada no le preocupaba demasiado la aptitud del rival, sino las ineptitudes propias. En los 6 partidos que llevaba jugados Central, poco y nada había exhibido de fútbol y los únicos destellos de esperanza los dieron dos pibes de las inferiores que estaban en los papeles de muy pocos: Nery Domínguez y Pablo Becker.

Con esto sobre la mesa, todo hacía pensar que Russo debía salir a buscar el partido de arranque y así fue que decidió poner en cancha a Javier Toledo y Ramiro Costa en posiciones ofensivas, acopañados por el buen pie de tres mediocampistas y un extremo que hace las veces de carrilero por izquierda (Becker, Méndez, Nery Domínguez y Diego Lagos, respectivamente). Si a esto le sumamos que Ferrari suele proyectarse constantemente por el lateral derecho, la lógica táctica plantea que el técnico salió decidido a tener la pelota y buscar el partido.

Minúscula salvedad, que no quisiera olvidar como dato de color: quien escribe no recuerda, en casi dos décadas de cancha, que la hinchada abuchara al nueve titular y al suplente sólo por ser anunciados por la voz del estadio. Ese era el clima en el que se jugaba el partido de ayer.

El juego encontró a Central en rápida ventaja, luego de que Lagos entrara por izquierda, en uno de sus ya clásicas excursiones al area rival, y mandara a la red una pelota que pareciera que llegó a apenas peinar Ramiro Costa. Pocos minutos después, el partido habría estado liquidado a favor de Central si Ferrari hubiera convertido un penal que el árbitro sancionó luego de que le cometan una infracción a Toledo. 

Otra salvedad: los memoriosos recordarán que más de una vez le sugerí a Javier Toledo que muriese, como alternativa ante su inexistencia y su tibieza dentro del campo de juego. Ayer volvió a exhibir sus enormes limitaciones técnicas, errando dos goles prácticamente imposibles. Pero nobleza obliga: Toledo no sólo fue el jugador al que le cometieron la falta del penal que pudo haber terminado el partido, sino que él mismo se encargó luego de hacer expulsar al zaguero rival. Gracias por eso, Toledo. Ahora sí: morite.

El final del primer tiempo podría describirse como una aglomeración de goles errados. Ramiro Costa sacó un doctorado en egoismo en el epílogo de la primera mitad, devorándose una pelota que bien podría haberle cedido a Becker, que entraba solito y solo por derecha, sin arquero y sin marca alguna. El grandote delantero decidió intentar gambetear al arquero, la perdió y segundos después erró un cabezazo en el area chica. Una pena.

El complemento, en el cual Central logró, nuevamente, aumentar rápidamente su ventaja con un poema de Becker (recepción, Media Verónica al marcador, caricia de zurda descolocando al fracasado crónico de Luchetti: golazo). Pero, como no podía ser de otra manera, El Nuestro encontró la forma de complicarse la vida solito: dudoso pelotazo que Yacuzzi decidió reclamar como fuera de juego, mano a mano del rival, nada que hacer para Caranta y dos a uno. 

El hombre de más parecía desvanecerse en la intrascendencia del juego de Central, que encontró en la amonestación de Méndez su más gráfica manifestación de desorden. Russo había decidido meter mano y así, Medina, Encina y Bracamonte entraban a la cancha en lugar de Becker, Ramiro Costa y Toledo (se fue igual de puteado de lo que entró, pobre Javier).

Justo cuando la hinchada advertía a gritos que no se podía perder, Nery Domínguez colocó una pelota bochinesca, Diego Lagos la bajó en el área, logró dominarla y cruzársela a Bracamonte (quien minutos antes había cabeceado un centro con la misma pericia y sutileza con la que un tucumano utilizaría su testa para vengar la tocada de culo de una novia en un boliche de Vilal Gesell) y el peludo delantero no tuvo más que empujarla para anotar los registros goleadores de Rosario Central.

No hubo mucho más que contar. El partido terminó con una hinchada descontrolada, que entre risas y llantos se preguntó cómo no le metimos cinco goles en el primer tiempo a esa murga mal formada que llegó desde Tucumán a poner la cabeza.

 



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